Petróleo, Irán y una crisis económica
La escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán esta impactando los mercados energéticos y podría convertirse en el detonante de una nueva crisis económica global. Pero el verdadero problema podría aparecer si la guerra se prolonga o afecta la infraestructura petrolera de Medio Oriente, un escenario que podría empujar al mundo hacia un nuevo episodio de estanflación. ¿Qué tan cerca estamos de ese escenario y cuáles serían sus consecuencias para la economía global?
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Nicolas A. Rojas Pardo
3/11/20264 min read


Desde que Estados Unidos, junto con Israel, iniciaron un conflicto a gran escala con Irán, los mercados mundiales se han agitado, y no es para menos, porque el precio del petróleo y el gas ya empezó a repuntar.
El alza de los precios energéticos es consecuencia del riesgo asociado al cruce del estrecho de Ormuz. Es tan grande el riesgo que la mayoría de las aseguradoras ya cancelaron las pólizas navieras de los barcos que transitan por Ormuz, y sin pólizas no hay viaje. Todo esto es consecuencia de la amenaza de Irán de hundir los barcos que lo crucen.
Esto ha generado que el mercado esté volátil y temeroso, y que el precio del petróleo y el gas repunte de forma vertiginosa. El precio del crudo ha crecido cerca de un 19% y el del gas casi un 30%, creando el temor de un petróleo por las nubes, ya que está oscilando cerca de los 100 dólares por barril. Pero este shock económico apenas está empezando y dependerá de qué tan prolongada sea la guerra.
Porque, a hoy 10 de marzo, al ritmo de producción de petróleo de los países árabes, y dado su nivel de almacenamiento y el stock previo a la guerra, se estima que en 2 o 3 semanas estarán copando su capacidad de almacenamiento. En otras palabras, si la guerra se prolonga hasta abril, a los países árabes no les quedará más opción que cerrar los pozos petroleros y frenar la producción, porque no habrá dónde almacenarlo. Esto genera un efecto de mediano plazo, porque reabrir un pozo petrolero puede tomar varios meses, lo que dispararía el precio del crudo hacia los 150 dólares por barril o un valor cercano.
Pero aquí no acaba la historia. En aproximadamente tres semanas, todos los cargueros que salieron antes de que se cerrara el estrecho de Ormuz ya habrán llegado a puerto y descargado. Eso significa que, dos o tres semanas después de que lleguen esos buques, las economías aún tendrán suministro de petróleo relativamente barato.
Es decir, para mediados de abril, si la guerra continúa, empezarán los primeros signos de escasez y el inicio del golpe inflacionario. Y dado lo que ha mencionado el G7+China es previsible que para evitar el desabastecimiento, los países del G7+China tienen reservas estratégicas de petróleo que, en promedio, equivalen a 140 días de consumo, es decir, cerca de cuatro meses y medio.
Esto implica que, si la guerra se sostiene hasta mayo, los países empezarán a consumir sus reservas estratégicas, frenando el alza del petróleo y dando oxígeno a la economía mundial hasta aproximadamente octubre.
Este es el momento más peligroso, porque solo se requiere que la escalada bélica en Medio Oriente alcance la infraestructura petrolera, es decir, que se destruyan refinerías, pozos o instalaciones de procesamiento, para que el daño sea irreversible durante los siguientes años.
Otra posibilidad es que el cierre del estrecho de Ormuz se prolongue más allá de octubre. En ambos casos el petróleo podría dispararse cerca de los 200 dólares por barril. La diferencia es que, en el primer caso, ese precio sería la realidad durante los siguientes cinco años, mientras que en el segundo caso se mantendría mientras dure la guerra y el estrecho de Ormuz permanezca cerrado.
Con estos tiempos, ¿cuál sería el impacto económico?
Dependerá de la duración del conflicto. Si la guerra se prolonga después de abril, pero finaliza antes de octubre y la escalada no afecta la infraestructura petrolera, el impacto económico sería un repunte de la inflación este año y parte del siguiente, acompañado de una pequeña desaceleración económica durante este año y el próximo.
Pero si nos encontramos en el escenario en que la guerra se prolonga más allá de octubre y/o la escalada destruye la infraestructura petrolera de los países árabes y de Irán, el escenario sería mucho más complejo, porque implicaría volver a la estanflación de la década de los setenta tras el embargo petrolero de la OPEP.
En ese caso, el precio del petróleo se dispararía por encima de los 150 dólares, o incluso cerca de los 200, manteniéndose durante un periodo prolongado. Esta fuerte alza del precio de los energéticos generaría una presión inflacionaria muy fuerte a nivel mundial, causada por los altos costos de la energía, el transporte y los insumos petroquímicos, como los fertilizantes. Pero junto con este shock inflacionario la economía también se contraería, generando una recesión económica global.
Esta recesión sería consecuencia de los altos costos de producción, que eliminarían utilidades, frenarían la inversión y terminarían hundiendo a la economía en una contracción.
Esta situación de estanflación —alta inflación combinada con recesión— sería incluso más compleja que la de la década de los setenta. Lo más problemático de la estanflación es que la política monetaria se vuelve inefectiva. Subir la tasa de interés no modera la inflación porque esta se explica por un shock de oferta, y afectar la demanda no corrige el problema. Pero bajar la tasa de interés para dinamizar la economía genera el riesgo de una espiral inflacionaria que puede volverse insoportable.
Entonces, la única alternativa sería la política fiscal, es decir, un gasto público acelerado financiado con deuda. Pero, a diferencia de la década de los setenta, hoy los países del mundo están fuertemente endeudados y presentan una debilidad fiscal manifiesta. La situación es tan grave que la mayoría de los países desarrollados tienen deudas públicas cercanas al 100% del PIB. Por ende, incrementar el gasto y apalancarse con deuda es difícil y genera el riesgo de otra crisis de deuda, como la griega o la española de 2009.
La gran pregunta ahora es: ¿cuánto va a durar la guerra? Y quien va pagar los platos rotos
Nicolás Rojas Pardo
Análisis macroeconómico y asesoría en políticas ambientales, políticas fiscales y legislativas.
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